Una invasión que tiene raíces lejanas
Situado a más de 1.300 kilómetros de la costa de Ecuador, uno de los países más pequeños en extensión del continente sudamericano, el


En el archipiélago de las Galápagos, un innovador proyecto de restauración ecológica y erradicación de especies exóticas representa una esperanza real de supervivencia para varias especies, entre ellas los pinzones de Darwin.
LeerSituado a más de 1.300 kilómetros de la costa de Ecuador, uno de los países más pequeños en extensión del continente sudamericano, el

Por este motivo, en los últimos años, los


Desde la colonización de la isla, la introducción de especies invasoras ha tenido efectos tan devastadores en la fauna local que, en la actualidad, 55 especies de vertebrados autóctonos figuran en la lista roja de la UICN como Vulnerables o En Peligro Crítico. Investigaciones recientes han revelado una tasa de fracaso reproductivo del 90% entre las especies de aves que viven en la isla.
Por eso, además de la erradicación de las invasoras, el proyecto -que ha llevado más de una década de minuciosa planificación- pretende

"Tras la aplicación del producto de control para la


Tras pasar meses en grandes pajareras para evitar que entraran en contacto con los productos químicos utilizados para erradicar las especies exóticas, el 22 de febrero de 2024 se liberó el último grupo de un total de 510 pinzones, compuesto por cinco especies autóctonas. Un momento crucial en el camino para


Las Galápagos albergan

Entre los factores que están provocando su desaparición se encuentra la presencia de la

Más de 37.000 especies exóticas han sido introducidas por actividades humanas en todas las regiones y biomas de la Tierra. El 20% de todos los

Situado a más de 1.300 kilómetros de la costa de Ecuador, uno de los países más pequeños -en cuanto a extensión- del continente sudamericano, el archipiélago de las Galápagos siempre ha atraído la curiosidad y el ansia de riquezas de aventureros, cazadores e investigadores, interesados en desentrañar sus secretos evolutivos o capturar sus preciados recursos. Un flujo de visitantes que comenzó allá por 1535 con el entonces obispo de Panamá, Tomás de Berlenga, que partió hacia Perú y desembarcó en lo que se considera un verdadero paraíso terrenal, rico en una biodiversidad única en el mundo. Desde entonces, en los últimos 489 años, también ha llegado a las islas otra categoría de visitantes: nada menos que 1579 especies exóticas introducidas, voluntariamente o por error, por el ser humano.
En los últimos años, las Galápagos han sido el centro de un ambicioso proyecto de restauración del ecosistema y erradicación de especies exóticas que tiene como protagonista a la isla Floreana, la sexta más grande de todo el archipiélago. El Proyecto de Restauración de la Isla Floreana está coordinado por la Autoridad del Parque Nacional Galápagos y la Agencia de Bioseguridad de Galápagos, con el apoyo de la Fundación para la Conservación de Jocotoco, Island Conservation y la Fundación Charles Darwin, en asociación con Durrell Wildlife Conservation Trust, Galapagos Conservation Trust, y la colaboración activa de la comunidad de habitantes de la isla.
Desde la colonización de la isla, la introducción de especies invasoras ha tenido un efecto tan devastador en la fauna local que, en la actualidad, 55 especies de vertebrados autóctonos figuran en la Lista Roja de la UICN como Vulnerables o En Peligro Crítico. Investigaciones recientes han revelado una tasa de fracaso reproductivo del 90% entre las especies de aves que viven en la isla. Por eso, además de erradicar las especies invasoras, el proyecto -que ha llevado más de una década de minuciosa planificación- pretende reintroducir 12 especies autóctonas, entre ellas el Mímico de Floreana (Mimus trifasciatus) el pequeño papamoscas bermellón (Pyrocephalus nanus) y la tortuga gigante de Floreana (Chelonoidis niger niger), que desaparecieron en las décadas de 1840 y 1850 debido a la sobreexplotación por parte de marineros y colonos, y a la introducción de especies invasoras (cabras, cerdos, perros, gatos, burros y roedores) que depredaban sus huevos y crías.
Las Galápagos albergan 17 especies de pinzones de Darwin, que han pasado a la historia por su involuntaria contribución a la definición de la teoría de la evolución por parte del famoso biólogo y naturalista inglés que navegó a bordo del Beagle y desembarcó en el archipiélago el 8 de octubre de 1835. Estas aves, incluido el pinzón mediano arborícola (Camarhynchus pauper), endémico de Floreana y en peligro crítico de extinción, desempeñan un papel vital en su hábitat como polinizadores, dispersores de semillas y agentes naturales de control de insectos, contribuyendo a la salud general y al equilibrio del ecosistema de las islas. El pinzón mediano es particularmente raro y valioso: sólo se encuentra en los bosques de Scalesia de las tierras altas de Floreana y figura en la Lista Roja de la UICN como especie en peligro crítico.
Una de las causas es la presencia de la mosca parásita Philornis Downsi, una especie exótica invasora introducida involuntariamente por los humanos mientras transportaban cargas de fruta desde el continente. Sus larvas se alimentan de la sangre de los polluelos de pinzones hasta tal punto que, según Paula Lahuatte, investigadora de la Fundación Charles Darwin que estudia la fisiología y los hábitos de la mosca vampiro aviar, actualmente sólo el 6% de los nidos activos son capaces de producir crías. En ausencia de nidos de pinzones, la parula amarilla (Dendroica petechia aureola) se está convirtiendo en la principal especie huésped de P. downsi. De ahí la importancia de adoptar estrategias de erradicación como el uso de dispensadores de plumas tratadas con permetrina y de reguladores del crecimiento de los insectos, métodos que han demostrado ser especialmente eficaces durante los años secos y que pueden activarse durante la temporada de los meses de enero a febrero, por lo general.