Plantas y polinizadores: un entretejido de adaptaciones
La relación entre las plantas y los polinizadores es una historia de


Darwin había formulado la hipótesis de que la heterostía había evolucionado para garantizar la polinización cruzada mediante la participación de determinadas partes del cuerpo de los polinizadores. Hoy, un equipo de investigadores ha realizado un estudio sobre este tema, demostrando que, efectivamente, la corazonada de Darwin era correcta.
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Las plantas, al igual que los animales, han sufrido un proceso evolutivo a lo largo del tiempo para adaptarse al medio y garantizar su supervivencia. Esto ha llevado al desarrollo de mecanismos específicos para favorecer una polinización eficaz. Una estrategia interesante es la heterostía, que consiste en la presencia de 2 o 3 tipos de flores, llamados morfotipos, dentro de una población, que difieren en la longitud de sus estructuras reproductivas. Según Darwin, su utilidad reside en favorecer la polinización cruzada, en la que el polen es transportado de una flor a otra de dos plantas diferentes, pero de la misma especie. Esta técnica favorece el mantenimiento de la variabilidad genética, esencial porque ofrece mayor adaptabilidad y supervivencia.
Además de la heterostía, hay muchos otros tipos de adaptaciones y estrategias que plantas y polinizadores han coevolucionado para aprovecharse mutuamente. Entre las flores más conspicuas están las de las orquídeas del género Ophrys. Éstas tienen la particularidad de parecerse a las hembras de los insectos polinizadores e incluso emiten feromonas para atraer a los machos de esa especie a que se acerquen a ellas. Se trata de un verdadero engaño sexual. También hay que tener en cuenta que los insectos no son los únicos polinizadores existentes. Los murciélagos y los colibríes, por ejemplo, también entran en esta categoría. Los primeros se alimentan de néctar y por eso visitan las flores de ciertas plantas que se abren por la noche. Los colibríes, por su parte, tienen la capacidad de permanecer inmóviles planeando casi inmóviles en el aire. Así pueden alimentarse de néctar.
El cambio climático supone una importante amenaza para los polinizadores y las plantas, ya que puede alterar la disponibilidad de recursos alimenticios y, en algunos casos, incluso modificar la fisiología y la morfología de los insectos. Por ejemplo, en el caso de algunos polinizadores, las altas temperaturas superiores a la media aceleran el desarrollo de las larvas. Esto puede provocar la salida prematura de los adultos del nido en un momento en el que no encuentran nada de lo que alimentarse, lo que les conduce, inevitablemente, a la muerte. Por no hablar de los contaminantes químicos que anulan la capacidad de los insectos para percibir los olores de las flores, lo que les impide detectarlas y proceder a la polinización. Está claro que la situación es trágica y que hay que encontrar soluciones cuanto antes. Por eso hay que promover proyectos que apoyen a estas especies, como los Oasis de Biodiversidad de 3Bee, que ayudan a mantener las poblaciones de polinizadores proporcionándoles recursos nutricionales.
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