Ciencia ciudadana: ciencia al alcance de todos
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La Ciencia Ciudadana ofrece a los ciudadanos la oportunidad de contribuir directamente a la investigación científica. Pero, ¿cuáles son sus orígenes? ¿Cuáles son los principales ámbitos en los que se aplica? Descúbralo en este artículo.
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Según Muki Haklay, la Ciencia Ciudadana consta de

Según un estudio de 2017, la ciencia ciudadana en


En el contexto de la ciencia ciudadana se sitúa Biodiversa, la


La Ciencia Ciudadana, o ciencia participativa, representa una oportunidad única para implicar al público en general en la investigación científica. Tal y como la define de hecho el CNR, "La Ciencia Ciudadana es la ciencia que se realiza con la contribución del ciudadano". Nos referimos, por tanto, a la contribución activa de personas no especializadas en ciencia, en actividades y proyectos de investigación. Para hablar de Ciencia Ciudadana, sin embargo, deben darse ciertos prerrequisitos: que la participación sea voluntaria, que el proyecto científico esté definido, que los datos sean precisos y que se respeten unas normas de descripción y preservación que garanticen que la información sea reutilizada por otros ciudadanos y otros científicos. La ciencia ciudadana es, pues, una forma de incluir a las partes interesadas, como ciudadanos y empresas, y de concienciar sobre la importancia de la conservación de la naturaleza.
La ciencia ciudadana tiene raíces profundas que se remontan a 1900, cuando la Sociedad Nacional Audubon de Estados Unidos lanzó una campaña para censar las poblaciones de aves. Del 14 de diciembre al 5 de enero de cada año, grupos de apasionados ornitólogos, dirigidos por expertos, se reunían para observar y clasificar distintas especies de aves. Este evento, conocido como el Recuento Navideño de Aves, sigue siendo muy popular entre los observadores de aves. En 1989, el concepto de Ciencia Ciudadana se formalizó en el MIT Technology Review gracias a la Audubon Society. La organización reclutó a 225 voluntarios para vigilar los niveles de lluvia ácida, recogiendo muestras de lluvia de distintas partes del país para luego analizarlas y publicar los resultados. Con la llegada de Internet y las tecnologías digitales, la Ciencia Ciudadana ha experimentado una rápida expansión, poniendo la participación científica al alcance de todos y contribuyendo significativamente a la recopilación de datos para la investigación.
Según Muki Haklay, la Ciencia Ciudadana tiene cuatro niveles de participación. El primero es el Crowdsourcing, en el que los ciudadanos actúan como sensores, enviando datos a través de apps u ofreciendo la potencia de cálculo de sus ordenadores para analizar datos. En este caso, la participación no implica la explotación de capacidades cognitivas. El segundo nivel es la Inteligencia Distribuida: los participantes reciben formación básica para recoger datos o interpretar información sencilla, y luego se habilita su capacidad cognitiva. El tercer nivel es la Ciencia Participativa, en la que ciudadanos y científicos colaboran en la definición de problemas y métodos de recogida y análisis de datos. Por último, encontramos la Ciencia Ciudadana Extrema, en la que la definición del problema la establecen los participantes en consulta con los científicos, ideando un método de recogida de datos y solicitando la ayuda de expertos para analizar e interpretar los resultados.